martes, 27 de mayo de 2014

Chris Jagger el hermano de Mick Jagger, atúa en Madrid




Chris Jagger, hermano pequeño de  Mick Jagger, también está de gira. Y este fin de semana, el músico además de actor, productor, periodista, y hasta diseñador de moda– presenta su blues rock, durante tres noches seguidas, en Madrid.

Yo canto y toco la guitarra, que es lo mismo que hace que mi hermano Mick Jagger, pero aunque tocara el oboe o tuviera un taller la gente también me señalaría, escribía hace unos años para el diario británico The Independent. “Cuando tenía 16 o 18 años, obviamente era algo gordo para mí, pero cuando llegué a los 40 me dejó de importar. Lo único a mi favor es que yo siempre seré más joven que él”.

Chris Jagger ha publicado estre verano un álbum titulado Concertina Jack de influencias bluseras y zydeco, explica, grabado principalmente en directo y en el que ha colaborado su hermano Mick.

Chris Jagger realizó un documental sobre la sesión de fotos, a principios de los 60, del álbum de los Stones, Beggars banquet.

Así aprendió a bailar Mick Jagger, por su hermano, Chris Jagger

Lo que, a mi modo de ver, diferenció a los Rolling Stones de las otras bandas de su tiempo en Londres, como por ejemplo, los Yardbirds o incluso los Beatles, era su forma de moverse en el escenario, debido, en gran parte a los giros de Mick, que hoy día ya han alcanzado el merecido estatus de baile, por derecho propio. Tal vez no sea Fred Astaire, pero es seguro que nos estimula a todos a bailar y movernos, ya que es una gran libertad para nuestros cuerpos, atrapados como están en nuestras propias inhibiciones y la incapacidad para seguir el ritmo.

Como los Rolling Stones empezaron, hace ya mucho tiempo, como un grupo para bailar, he pensado que podría ser apropiado, dado el reciente interés por los programas de coreografías en la tele, mirar la conexión de Mick Jagger con el arte de patear, y lo que le hace moverse. Recuerdo la escena, hace años, en el club Crawdaddy de Richmond. Los líderes mods tenían sus propios clubs de fans, y cada domingo hacían alarde de sus nuevos movimientos, cuando la banda tocaba allí. Incluso si podías ver las cabezas de los miembros de la banda en aquel minúsculo escenario, la acción estaba en la pista, y la función de los Rolling Stones era tocar música para los bailarines.

Las cosas cambiaron en los años posteriores. En un concierto en Wembley estaba sentado en uno de los viejos palcos y cuando la banda salió al escenario, en un intento de contagiarme e involucrarme me levanté y empecé a bailar. “¡Siéntate!”, fue el grito que llegó de detrás, de algún adinerado asistente. Me lo pensé un segundo y después seguí a lo mío. Se supone que es un concierto de rock, no una obra de Shakespeare, pensé.

Me las apañé para charlar un poco con mi ocupado hermano mayor, después de un largo día en la oficina (en la sala de ensayo, quiero decir) en París. Naturalmente, me fui a lo básico y le pregunté por cómo empezó lo del baile.

“Mamá trató de enseñarme, y bailó alrededor de la sala al son de Victor Sylvester”, recuerda con cariño. “Él estaba en la vieja Light Programme [antigua emisora de radio de la BBC sobre entretenimiento], dando instrucciones, y después trotábamos por la habitación intentando reproducir los pasos, y yo tratanto de no pisar a mamá”.

¿Qué tal se te daba?, le pregunté. “Fatal”, recuerda. “No era lo mío. Me pareció demasiado complicado. Luego, los jueves por la noche cogía la bicicleta y me iba al club para jóvenes de Crayford, donde hacían el baile escocés square, con varias parejas, y eso era más divertido. Creo que incluso llegué a escuchar la polka, el foxtrot [baile de salón] y el quickstep –todos los estilos que mamá y papá bailaban cuando salían por ahí”.

Debo añadir que nuestra madre era una bailarina entusiasta, y papá también le ponía bastante empeño. Por aquel entonces, saber los dos pasos básicos era una necesidad para cualquier tipo, a no ser que quisieras acabar como un pardillo. Era la única oportunidad para conocer y agarrar a una chica.

Mick recuerda el baile de la escuela, sin embargo, con algo de horror. “Era tan vergonzoso. Tenías que pedir a las chicas de la clase de gramática que bailaran contigo la siguiente canción, que eso ya tenía su complicación, viéndolas ahí sentadas… Y a lo mejor te decían: ‘Me temo que ya estoy cogida para la siguiente’. Y tú te ponías como un tomate y le preguntabas a otra. Afortunadamente era una vez al año. El baile de varias parejas en el club para jóvenes era más divertido”.

De repente, toda la cultura pre-guerra fue destrozada por lo que vino después: el jive, el Twist y todas las modas que siguieron. “El jive no estaba permitido en la mayoría de las salas de baile”, recuerda Mick. “Lo prohibieron, aunque desde la guerra se podía ver por ahí. Estaba considerado como muy vulgar, pero indudablemente mucho más divertido, y lo podías hacer al estilo Little Richard”.

Saltándonos el Charleston (que recuerdo que nuestra madre me enseñó) y el Black Botton, Mick menciona la primera gran moda: el Cha Cha Cha. “Era enorme por aquel entonces, la música latina era muy popular. ¿Quién puede olvidar a Edmundo Ross, uno de los favoritos de mi madre? Y entonces llegó, lo que cambió las reglas del juego: el Twist. Era el primer baile que podías hacer tú solo. Era un esfuerzo individual y el precursor del baile actual.

“Y después llegó el Bunny Hop, donde movías los codos a los lados y dabas un salto. ¡Recuerdo a Eric Clapton bailándolo con sus amigos! Y cómo olvidar de Monkey (el mono), el baile del Chicken (el pollo) o el Hand Jive. Pero lo que más me influenció fue un club de ska y blue beat que había cerca de Saville Row, en el centro de Londres, porque allí los caribeños se movían de una manera totalmente diferente. Yo incorporé algo de eso a lo que ya estaba empezando a hacer sobre el escenario con la banda.

Entonces viajamos EE UU y pude ver a James Brown en el Teatro Apollo de Nueva York, y eso sí que fue una influencia tremenda. No eran sólo cómo bailaba, era la energía que le ponía lo impresionante. No parecía que fuera una rutina, como tal. Todos tenían algún movimiento. Aunque el tipo que más me marcó de muchas maneras fue Little Richard, pero aquello era más una forma de moverse que de bailar. Gesticulación e interprentación. El baile tiene que ver, pero lo realmente importante es que el movimiento y la batería estén en conexión total. Es muy antiguo y primitivo, en el mejor sentido de la palabra. El sonido de la batería y los golpes de los pies tiene cientos de miles de años. Los tambores y el baile, la interpretación del ritmo, tiene que ser la forma de expresión más primitiva del espíritu humano. James Brown se centraba mucho en eso. El baterista y él estaban total sintonía. Era obvio cuando los veías. En su forma más expresiva, lo ves en los bailes africanos e indios. Yo tengo que ir al ritmo con Charlie Watts y él lo sabe. Si él no hace lo que mis pies, no funciona. Obviamente, cada instrumento tiene su papel. Actuar tiene mucho que ver con interpretar la canción y el ritmo que te impulsa.

Ensayando en París, Mick dice que se ha estado divirtiendo yendo a un estudio de danza, unas tres veces por semana, haciendo ejercicio durante una hora, algo que le mantiene en plena forma. “Cuanto más ensayes mejor”, dice. “Es como en un equipo de fútbol”.

Esto me lleva a la pregunta final sobre el vídeo de Maroon 5, Moves Like Jagger. Es bueno, ¿no? , dice. Claro que me sentí muy halagado por ello, y es agradable ver las conexiones entre las generaciones, porque yo lo usé también en mi época.